Aun cuando pensé que no usaba la mente, pensaba que no pensaba, y sin embargo, estaba pensando,
me convertia en estatua de tanto pensar,
y no hacia nada.
Entonces pensaba que el pensamiento,
acobijado entre neuronas,
intangible, incorpóreo.
Sin acción,se dormia,
se volvia inservible.
Trazé una linea, sujete mis reglas;
las cuales consistían en pensar,
siempre y cuando pudiera darle vida al pensamiento,
y no verme inamovible.
Además inmovilizar los pensamientos,
desde mi perspectiva,
era sentirme inútil, indecisa,
víctima de una situación sin sentido,
encarcelada.
Había otra linea roja que me alertaba
sobre la intranquilidad del pensamiento,
tanto desplazamiento, tanto cuerpo en movimiento,
tanta circulación de ideas cortas,
ofuscadas,
también me hacía ruido.
Deseaba equilibrio...
Todo puede ser reflexionado, sensibilizado,
todo puede querer ser entendido, lo que no significa que siempre se entienda.
Todo puede ser impensado, insensibilizado,
pasado por alto,vuelto un pensamiento desmotivado y apático;y sin embargo el entendimiento también tiene su curso propio como el rió,tiene su propia voluntad.
Y llega,
hace su puesta en escena cuando a él se le canta,
aunque vos no quieras, te da un cachetazo,
o te acompaña toda la vida, o te comparte solo una taza de cafe y luego se va...
Aveces lo esperamos, y no llega.
Entonces, suelo sentir que el entendimiento tiene vida propia.
En cambio el pensamiento,
depende de mi para seguir vivo,
y requiere de muchos cuidados para no enfermarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario